La fiesta del chivo / Feast of the Goat

by Mario Vargas Llosa

9/10

(Crítica en español primero, English review second)

Como la única otra novela de Vargas Llosa que he leido, The War of the End of the World, esta fue un cuento épico de una esquinita de la historia latinoamericana que entretenía bastante a pesar de su exceso.

Llegué al libro despúes de leer The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, donde Diaz entra en detalle espantoso y prejuiciado sobre los excesos del reino de Trujillo en la Republica Dominicana. Hasta cita este libro, y sospecho que lo usara como fuente para so propia obra. Me dío ganas de leer lo que esperaba fuera una muestra más objetiva sobre la historia, y creo que lo es, mientras aún bastante dura y poca apologética.

Pero el propio libro fue sorprendentemente interesante (digo que me sorprende porque lo leía en mi segunda idioma, y no fue ni por la mitad tan difícil como veces anteriores). . . y los cambios de tiempo y perspectiva fueron mayormente bien-ejecutados. Es irónico porque acabo de escribir en me critica de Oscar Wao que nunca me gustan los cambios abruptos de tiempo en una novella. Es cierto que también dije “a menos de haya una muy buena razón,” lo cual aquí es el caso.

Vargas L. alterna entre tres ramas de narrativa: Urania, una émigré dominicana de 49 años quien regresa a la Republica Dominicana 35 años despúes de la caida del régimen Trujillista; El propio Trujillo, durante su último día de vida; y el grupo de conspiradores esperando en la emboscada para Trujillo. Una gran parte de lo efectivo de este método es la regularidad con que se cambian las perspectivas (en la órden fija de Urania – Trujillo – Asesinos), asi que a pesar de los saltos drásticos en perspectiva y tiempo, todavía puedes desarollar expectativas y rítmo como un lector. Este patrón ocurre sin romper durante los primeros 2/3 del libro (Capítulo 17 es el primero para romperlo, creo), y una de mis quejas principales es precisamente que esa ruptura del patrón interrumpe el rítmo de la experienca lectora.

Especificamente en el final, hay mucho discurso que parece extraneo, contando los finales de los asesinos no más. Perdimos un poco la relación con Uranía por este exceso. Creo que muchas de las narrativas de los asesinos y hasta de Balaguer pudiesen combinarse para benficiar a la novela. Aqui y durante las secciones de Trujillo, cuando el Jefe discute eventos pasados con sus subordinados, el libro parece más lección de historia que novela. Es una lección interesante, seguro, pero fuera de lugar en una novela.

Pero en el fin estas son quejas menores. Como en Fin del Mundo, Vargas L. escribe los datos al lado de la ficción, sin costura aparente. Hasta ciertos detalles que seguramente son ficticiosos (como el problema de meada del Jefe), encajan tan perfectamente con la historia que hay que admirarlos. En su punto major es un libro sumamente épico. Tenemos el cuento de algo que sabemos sucedío, con las personas reales quines participaron, cada cual con sus defectos y problemas, pero cada cual se pone más grande que los humanos cotidianos.

Esto se muestra más en la narrativa de las conspiradoras, quienes representan la nobleza y pureza del espíritu en sus puntos más plenos. Hacen que pienses en como hubieses actuado bajo circunstancias semejantes, lo cual, si lo piensas, es un logro pasmante para una novela. Aún en las narrativas de Cabral, y du Pupo Román, quienes se portan de la manera más odiosa, sus acciones son sumamente realistas, sumamente humanas, tanto que es difícil culparlos de completo. Son bastardos, cierto, pero también son víctimas de las circunstancias, las circunstancias cuales se llaman “Trujillo.”

Aquí Vargas L. me pasma hasta un grado que solo he experimentado en libros como War and Peace, For Whom the Bell Tolls, The Grapes of Wrath, Angle of Repose and Homage to Catalonia de Orwell. Es companía bastante impresionante, Sr. Vargas Llosa.

De modo parecido, la familia Cabral es completamente ficticiosa, pero su importancia temática es significativa. Agustín, el padre, representa una versión torcida de Job, donde Trujillo es Dios y le tormenta a su creyente con capricho absoluto. Una de las partes más perturbantes fue como Trujillo estaba simplemente jugando con Cabral para empezar, pero cuando “lo tomó mal,” su destino en el purgatorio fue sellado.

Hay que preguntarse como Cabral pudiese respondido para evitar su maltrato. Vargas L. ciertamente implica que se esforzaba demasiado para ganar otra vez el buen puesto, pero es difícil culparlo a la vez. Como actuarías tú despúes de sacrificar 30 años de tu vida? Y en un mundo donde tu Dios tiene primero acceso a todas las mujeres como una rutina asquerosa? En un mundo donde no existe tu dignidad?

Pero la narrativa más horrenda es la de Urania, cuyo destino infernal se determina por la persona en quien más confia en este mundo. Esta narrativa delata la plenitud de pesadilla de La Republica Dominicana durante esta época. El país entero fue profanador literal. Literalmente destruía la inocencia y la pureza. Se podría llamarlo la corrupción incarnada, on en palabaras más palabras menos: el mal puro.

La Republica Dominicana era fábrica de mal por treinta-y-pico años, y hubo responsable un solo hombre. Entonces, para millones de personas durante esas décadas, este hombre fue, casi literalmente, el diablo. Es difícil comprender completamente, como uno tendría que someter su dignidad y humanidad para vivir en tal sitio, pero agradezco mucho a Sr. Vargas por su intento poderoso y artístico de capturarlo en palabaras. Solamente con tales esfuerzos podemos plenamente comprender historias asi. Me encantaria escuchar la opinión de un(a) dominican@ que ha leido este libro.

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Much like the only other Vargas novel I’ve ever read, The War of the End of the World (see my review), this was an epic retelling of a shady corner of Latin American history that thoroughly entertained despite entering into excess.

I arrived at this after reading The Brief Wondrous Life of Oscar Wao (see my review), where Diaz goes into gruesome, one-sided detail about the excesses of the Trujillo regime. He even references this book, and I suspect he gathered some of his material from it. I wanted to check out what I hoped would be a more even-handed portrayal and I think I found it, although Vargas’s depiction is still plenty horrific. I now want to go back and cross-check what Diaz said about the same figures (I know, for instance, he alleged that Vargas went too easy on Balaguer, who calls “the Demon Balaguer”(!)).

In any case, the book: It was surprisingly engaging (the surprising aspect was more a personal issue as I was reading it in my 2nd language), and the time and perspective switches were largely well-executed. It’s ironic because I just got done writing in my Oscar Wao review that I always dislike abrupt chronological shifts. Leave it to Vargas L. to reverse that proclamation. Granted, I did qualify it with “unless there’s a damn good reason,” which I suppose there is here.

Vargas alternates between three chronologies. Urania, a 49-year-old Dominican émigré who returns to D.R. 35 years after the fall of Trujillo; Trujillo himself, on his last day alive; and the group of conspirators waiting to kill Trujillo, along with their aftermath. A large part of what makes it work is the regularity with which he switches (there’s a fixed order of Urania – Trujillo – Assassins), so that despite the severe jumps in perspective and time you are still able to develop expectations and rhythm as a reader. This alternation occurs unbroken until 2/3 through the book (Ch. 17 is the first to break the pattern, I believe), and one of my chief complaints is precisely that this breakage unnecessarily disrupts the flow.

Specifically at the end, there’s a lot of exposition that seems extraneous, just wrapping up the loose ends of the assassins. We lose track of Urania’s captivating personal account in the process, and we miss her. Many of the narratives surrounding the conspirators (and even Balaguer in the end) could have been greatly condensed to the benefit of the story. Here and during Trujillo’s sections, when he discusses past events with his henchmen, the book begins to read more like a history lesson than a novel. It is an interesting history lesson, but it’s too conspicuous.

Those, however, are minor complaints overall. As in End of the World, Vargas seamlessly weaves fact with fiction, and even certain details that must be made-up (such as Trujillo’s unfortunate problem of incontinence) fit so perfectly with the story that you have to admire them. At its best it is absolutely epic. We have the story of something we know happened, with the actual people who participated, each person with their own personal flaws and issues, yet each becomes larger than life.

This is most evident in the story of the conspirators, who embody nobility and purity of spirit. They make you think of how you might have acted in similar circumstances, which, if you think about it, is an astonishing achievement for a novel. Even with the story of Cabral and Pupo Román, who behave despicably, their actions are utterly realistic, utterly human, such that it is difficult to begrudge them their trespasses. They’re certainly bastards, but they’re also victims of circumstance, circumstances whose name is “Trujillo.”

Again, Vargas astonishes to an extent that I’ve only experienced in books like War and Peace, For Whom the Bell Tolls, The Grapes of Wrath, Stegner’s Angle of Repose and Orwell’s Homage to Catalonia. Pretty damn impressive company, Sr. Vargas Llosa.

Similarly, the Cabral family is entirely fictional, yet their thematic importance is significant. Agustín, the father, shows us a twisted version of Job, where Trujillo is God, tormenting his worshipper with absolute caprice. One of the most disturbing aspects of the book was that Trujillo was just toying with Cabral to begin with, except that he “took it bad,” which sealed his fate in purgatory.

You have to wonder how Cabral could have responded in order to gain rehabilitation. Vargas implies that he was trying too hard, that is fault was his lack of grace (Balaguer’s grace?), yet it’s hard to blame him at the same time. How would you act after devoting 30 years of your life to somebody? And in a world where your God gets first rights to all women as a matter of course? In a world where your dignity doesn’t exist?

But the most horrific story is Urania’s, whose hellish fate is decided by the person she trusts most in the world. It is this narrative that brings home exactly how nightmarish the Dominican Republic must have been for those thirty-odd years. The entire country was literally a defiler, a literal destroyer of innocence and purity. You might call it corruption incarnated, or in other words: pure evil.

The Dominican Republic was a factory of evil, and one man was responsible. So for millions of people over these decades, this one man was, almost literally, the devil. It’s difficult to wrap your mind around, how one would have to subjugate one’s dignity and humanity to live in such a place, but I’m grateful to Vargas for his artful, powerful portrayal. It is only through such efforts that we can fully come to terms with histories like this. I would love to hear what a Dominican who has read this book thinks of it.

 

For more info. . .

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